Diversas organizaciones, como la Asociación Tarpurisunchis, destacan múltiples ventajas de la técnica de labranza mínima:
- Conservación del suelo y del agua. Al no exponer el suelo a la erosión, se protege su capa fértil y se retiene mejor la humedad, favoreciendo la infiltración y reduciendo riesgos de escorrentía.
- Secuestro de carbono. Al evitar el volteo del suelo, se reduce la liberación de dióxido de carbono almacenado, ayudando a mitigar el cambio climático.
- Eficiencia en insumos. Se necesita menos combustible, agua y fertilizantes. La humedad y los nutrientes se conservan mejor, y la reducción de pasos con maquinaria baja los costos operativos.
- Aumento de la materia orgánica. Al no degradar los restos del cultivo anterior, se incrementa la presencia de materia orgánica, vital para la vida microbiana del suelo.
- Mejora en la aireación y estructura del suelo. La menor compactación favorece la porosidad, la actividad de lombrices y la salud del ecosistema edáfico.
- Menor presión de malezas. La reducción de disturbios físicos al suelo disminuye la germinación de semillas de maleza, aunque este efecto depende del tipo de labranza aplicada.
- Reducción de costos. El uso menos intensivo de maquinaria puede disminuir los costos hasta en un 50 %, según diversos estudios, al reducir el número de horas y desgaste de equipos.
Consciente del trabajo que conlleva prácticas agrícolas responsables como ésta, los dueños de Corporativo Kosmos, Jorge, Elías y Jack de la familia Landsmanas, apoyan a los trabajadores del campo locales al adquirir más del 90% de su materia prima de estos productores.