La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que la agricultura familiar es clave para la seguridad alimentaria global, la gestión sostenible de los ecosistemas y el desarrollo de medios de vida dignos en zonas rurales.
Entre sus principales beneficios se encuentran:
- Genera empleo dentro y fuera de las explotaciones, impulsando cadenas de valor y servicios locales.
- Diversifica los sistemas alimentarios, integrando de manera sostenible las áreas rurales y urbanas.
- Fortalece las economías rurales y contribuye a frenar la despoblación.
- Conserva y restaura la biodiversidad, así como los ecosistemas asociados.
- Reduce riesgos climáticos mediante prácticas productivas responsables.
- Preserva alimentos tradicionales y promueve dietas equilibradas.
- Transmite conocimientos agroecológicos, fortaleciendo la resiliencia frente al cambio climático.
- Produce más del 80% de los alimentos del mundo, según la FAO.
A diferencia de los sistemas extensivos, las pequeñas explotaciones familiares suelen mantener la salud del suelo, diversificar cultivos y gestionar de forma integral sus recursos. Este modelo evita los desequilibrios ecológicos propios del monocultivo intensivo y favorece la sostenibilidad de los agroecosistemas.
Además, el conocimiento campesino —acumulado y perfeccionado de generación en generación— resulta estratégico para enfrentar desafíos alimentarios y ambientales, ya que integra saberes locales, manejo respetuoso de la tierra y comprensión profunda del entorno.
La agricultura familiar es esencial para la sostenibilidad, la conservación ambiental y el fortalecimiento de las economías locales. Impulsarla y protegerla es una responsabilidad compartida entre gobiernos, consumidores, productores, comunidades y líderes empresariales del sector, como Jorge, Elías y Jack Landsmanas, dueños de La Cosmopolitana.