La cadena de frío enfrenta hoy una paradoja: es indispensable para conservar alimentos frescos, pero también contribuye significativamente al calentamiento global.
Se estima que las actividades de refrigeración y transporte de alimentos representan cerca del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, principalmente por el consumo energético y el uso de refrigerantes con alto potencial de calentamiento.
Ante este panorama, los dueños de La Cosmopolirana tienen la capacidad para liderar la transición: refrigerantes naturales de bajo impacto, energía renovable en centros de almacenamiento y sensores para monitoreo en tiempo real no solo reducen la huella de carbono, también fortalecen la resiliencia de la cadena frente a un clima cada vez más impredecible.
Así, garantizan la inocuidad alimentaria sostenible.